Un joven titulciano sufre un ataque psicótico al entrar en un balneario

Spa Presidential

Joaquín eligió mal día para ir a un balneario. Venía de la despedida de soltero del Tarrina. Dos días de pedo en Illescas. Alcohol, fiesta y todo lo demás. Todo menos follar claro. Joaquín, natural de Titulcia, es un conocido influencer de la noche bayonera qué también suele dejarse ver por los antros de mayor categoría de nuestro pueblo. Anoche fue ingresado en urgencias tras sufrir un extraño ataque en un balneario de la sierra. A Joaquín le habían regalado por su cumpleaños una caja de esas con las que te ahorras perder tiempo pensando qué narices regalar. Era una noche en un balneario para dos. Le hizo tanta ilusión como un pantalón de pana pero igualmente reservó noche para después de la despedida del Tarrina en el exclusivo balneario “Pleasure & Peace”. Joaquín no tiene novia así que fue con su primo Francisco Javier. A echarse unas risas. Francisco Javier nos cuenta lo sucedido:

“Nada más poner un pie en el balneario Joaquín empezó a sentirse mal. Pidió una caña y le dieron un zumo depurativo de guayaba y yoyoba que se bebió de un trago pensando que era un chupito y que intentó vomitar sin éxito antes de empezar a sufrir espasmos y retortijones. Me dijeron que ellos sabían lo que hacían y decidieron meterle en la cápsula Total Heaven, un espacio liquido y sensorial donde decían que se alcanzaba el nirvana. Nada más cerrar la cápsula y darle al play de lo sensorial la frecuencia cardiaca de mi primo empezó a subir. Les dije que aquello no pintaba bien y que lo sacaran de allí pero los gafotas del balneario insistieron en aumentar la potencia de relajación. Se escuchó gritar a Joaquín y una pequeña explosión dentro de la cápsula. El zumo depurativo no había dicho su última palabra y aprovechando el momento de tensión acababa de volver a aparecer en escena estruendosamente a través del ojete de Joaquín. En forma de chapapote. Un negro vertido de pura toxina tras dos días de desparrame salvaje. Cuando abrimos la cápsula aquello olía a Mordor y Joaquín se asfixiaba en su propia hez mientras pedía un piti. Y la Total Heaven siniestro total. No sin esfuerzo, tirando de él con un palo de selfie para no mancharme, conseguí sacar de allí a mi primo. Estaba cojonudo. Una ducha a manguerazos le quitó de encima la mierda pero seguía estando algo ido y más tenso que un bakala. Cuando le administraron un sedante Joaquín recuperó plenamente la consciencia y le pidió el wassap a la enfermera e intentó sacarla a bailar obligando a esta a aumentar la dosis para quitárselo de encima. Y ahí la cagaron. El organismo de Joaquín reaccionó al sedante con un subidón de tres mil millones de pares de cojones que le tuvo durante horas dando saltos como un osito Gomibaya por todo el complejo. Tuvimos que tirarle una red para reducirlo. Ya está mejor pero anoche temíamos por su vida. Le iba a reventar la patata. Menudo cabrón. Es que le gusta mucho. A mi primo le gusta muuucho. Y hay que saber parar. Hay que saber inflase pero también saber parar”.

Tío Willis
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