Ciempozuelos acoge las Primeras Jornadas sobre la Envidia Cochina

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El próximo mes de julio el pabellón municipal acogerá los actos de las Primeras Jornadas sobre la Envidia Cochina. Estas jornadas están promovidas por la Asociación “Dámelo” y por esta razón hemos entrevistado a su coordinador general Jacobo Pelusero, autor también del libro “Si quieres algo déjalo ir, lo quiero yo, ahora es mío”.

P- ¿Porqué una Jornadas sobre la Envidia Cochina?

J- Pues básicamente porque nos enteramos de que en Aranjuez pensaban hacer unas y decidimos que nosotros también queríamos hacerlas y a ser posible antes que ellos y mejor.

P- ¿Quiénes son ustedes?

J- Pues un montón de gente, más que en Aranjuez seguro. Y cada vez somos más a los que no nos da miedo reconocer nuestra condición de cochinos envidiosos.

P- ¿No temen ser marginados por la sociedad debido a su condición?

J- Ya estamos marginados pero créame amigo, los raros no somos nosotros. Son los demás. Los que aún no han salido del armario. Decía hace más de cien años Oscar Wilde que “cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima”. Nosotros no tenemos esa naturaleza delicadísima de la que habla Wilde. Y dudamos que sea la nota dominante en la raza humana si echamos un vistacillo a cómo ha ido el mundo hasta ahora. Así que ¿para qué narices luchar contra tu naturaleza? Yo no me alegro por el éxito ajeno. ¿Y qué? ¿Hay que matarme por ello? La envidia sana no existe. Nosotros no deseamos lo tuyo. Nosotros queremos que te lo quiten y nos lo den a nosotros. Y casi te diría que con que te lo quiten nos basta.

P- No parecen unos principios muy propicios para hacer amigos.

J- Ese es el mismo puto prejuicio que nos ha perseguido durante toda la historia. Ya Dante habló de cosernos los ojos por disfrutar al ver a otros caer. Y vale, quizá disfrutemos. No digo que este pensamiento sea bonito ni ejemplar. Solo digo que es inherente a la condición humana y que nosotros no tenemos problema en reconocerlo. Somos cochinos envidiosos. Y es duro, no se crea. ¿Sabe lo que es tener sed pasando por la plaza y no poder meterte en el primer bar a refrescarte por no darle un duro al cabrón del dueño? O tener que ir a por pan a la gasolinera teniendo una pastelería en el portal. No es fácil convivir con la envidia cochina pero también te da muchos buenos momentos. Ver como el que intenta hacer algo en el pueblo se da una hostia pinga y se endeuda no tiene precio. Eso les pasa por gilipollas. Por pretender hacer algo en este pueblo.

Tío Willis
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