La Segunda Guerra Civil comenzará en Ciempozuelos en 3, 2, 1…

El veranito no es época de muchas noticias pero en este pueblo nos gusta llevar la contraria y en los últimos días estamos asistiendo a uno de los mayores terremotos sociales que se recuerdan por estos lares. La razón no es otra que la decisión del nuevo equipo de gobierno de dejar de subvencionar los festejos taurinos en nuestra localidad. En la práctica esto significa que no habrá ni corridas de toros ni encierros en las fiestas. No hace falta ser doctor en antropología para saber que tras este anuncio en el pueblo se va a liar la de Dios es Cristo. De hecho desde que se conoció la noticia las redes sociales hierven con proclamas a favor y en contra de esta medida. Entre proclama y proclama se cuela algún insulto y mucho nos tememos que entre insulto e insulto a algún borrico se le escapará la mano. Semos asín.

No seremos nosotros quienes defendamos una salvajada del calibre de la “fiesta” nacional. Podemos llegar a entender que alguien encuentre belleza en la figura del torero, sus movimientos y su destreza en la plaza. Hasta ahí bien. Pero por otro lado tenemos a un animal torturado hasta la muerte. Y ahí no encontramos la belleza por ningún sitio. De hecho nos parece bastante feo. Horrible. Y si alguien piensa convencernos con las pamplinas de siempre (si no hubiese corridas no existirían los toros, es una lucha justa, blablablá…) mejor que se quede calladito que está más guapo, esa película ya la hemos visto y no nos la creimos. Pasando de moralidades y centrándonos en lo práctico es bien sabido que en los últimos años a las corridas de las fiestas solo acudían los internos del psiquiátrico, muchos jetas que iban invitados y cuatro pringaos que compraban la entrada. Normal que no resultasen rentables y hubiese que subvencionarlas. Eso nos hace pensar que no serán muchos los que echen de menos las corridas de toros en las fiestas.

Es el tema del encierro el que creemos que va a ser más difícil de asimilar y la principal causa de que la gente se revolucione. Independientemente de que le gusten los toros o no para mucha gente el encierro es una especie de evento vertebrador de las fiestas. Sirve de puente entre la castaña de por la noche y la hora de las cañas. Vaya por delante que dicho encierro es un puñetero coñazo y que se suele subir a la plaza de toros más por costumbre que por gusto. Pero cuesta imaginarse unas fiestas sin encierros. Aunque está claro que igual que te acostumbras a subir te puedes acostumbrar a no subir y a hacer otra cosa en su lugar. Por eso esperamos que el equipo de gobierno debutante esté ya pensando en alguna alternativa para rellenar esas horas entre la última canción en la plaza y la hora del tapeo. Seguro que están ya en ello porque también son del pueblo y conocen bien como son las fiestas. Y seguro que conocen también aquella vieja historia que cuenta como hace años algunos mozos del pueblo acabaron subiendo una vaquilla hasta el despacho del alcalde por la simple razón de que les parecía una birria de res, indigna de nuestras fiestas. Son historias de hace la pera de años pero para esto y para todo lo demás seguimos siendo igual de cerriles que antaño. O más.

Y una última cosa. Lo de rasgarse las vestiduras ahora por el asunto de los toros con el tiempo que llevamos comiendo mierda es para que alguno se lo haga mirar.

Tío Willis
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