El auditorio nuevo pasará a llamarse auditorio viejo

Que el tiempo no pasa en balde lo sabe todo el mundo menos Jordi Hurtado y que el auditorio nuevo se había muerto antes de nacer también los sabíamos todos en el pueblo desde hace mucho. En los tiempos de burbujeante bonanza se pusieron muchas esperanzas en él. No solo iban a venir a actuar las estrellas más brillantes sino que serviría a su vez de lugar de encuentro de los vecinos en aras de dinamizar el paupérrimo panorama cultural local. Y un mojón. Nada de esto ha ocurrido. Todo lo que se invirtió en levantar ese armatoste no ha servido para nada. Si acaso sirvió en su momento para engordar el bolsillo de algún listo pero de aquel regalo que nos hacían a los vecinos solo llegamos a ver el envoltorio. Cierto es que algunos afortunados sí que han podido disfrutar del espacio pero de una manera algo clandestina. Ese mamotreto vacío y abandonado en medio del pueblo es un imán para ir a fumar, beber, drogarse en cualquier modalidad, firmar en las paredes, romper cristales, atrincherarse, aliviar algún retortijón traicionero o mear desde el tejado. Suponemos que algún espabilao hasta habrá follado. No es el sitio más romántico del mundo pero polla tiesa no cree en Dios.

En busca de una solución definitiva al tema del auditorio una comisión formada por representantes de todos los grupos políticos y vecinos del pueblo ha propuesto el cambio de adjetivo en la denominación del inmueble. El portavoz de dicha comisión, Carmelo Cotón, conocido pensador local celebre por sus profundas e incendiarías arengas cubata en mano, nos explicó las razones de dicha propuesta. “Seguir llamándolo auditorio nuevo crea una especie de bloqueo mental que impide afrontar una ruptura con todo lo anterior y frena la búsqueda de alternativas, lo mejor es pasar a llamarlo auditorio viejo, solo así podremos empezar a pensar en otra cosa, en algo nuevo” comenta Carmelo mientras apura un copazo de Terry sin hielos.

A algunos ya nos tocó las narices el auditorio desde sus comienzos pues para construirlo fue necesario llevarse por delante el colegio en el que muchos de nosotros, cuando apenas levantábamos dos palmos del suelo, empezamos a conocer el mundo.

Tío Willis
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