Una avalancha de runners postnavideños colapsa las salidas del pueblo

Ayer por la tarde los servicios de emergencias locales se vieron desbordados por un aluvión de llamadas que los ponían sobre el aviso de la que se estaba liando en rotondas, carreteras y caminos que circundan nuestro pueblo. Según los testigos una marea de color tuttifrutti ocupaba la práctica totalidad de las vías y apenas dejaba espacio para el tráfico rodado. La vanguardia de esta marea flourescente la ocupaban los pros, los que corren todo el año, que parecían correr incluso con más brío del habitual para intentar distanciarse de la deshonrosa retaguardia de este gentío, formada por ratas de sofá y maufas de toda clase y condición trotando cansinamente tras la zanahoria del primer día del resto de su vida.

Los primeros embotellamientos tuvieron lugar en las inmediaciones del cementerio pues era tal el flujo de corredores que pretendían eliminar culpas camino de Buzanca que el botón del semáforo de la carretera empezó a echar humo a los diez minutos de trajín. El semáforo entero petó en cero coma y el cruce se convirtió en el coño de la Bernarda en cero coma uno. Sin las luces de colores que nos dicen lo que tenemos que hacer cada cual hizo lo que quiso siendo la opción mayoritaria los que optaron por el viejo “maricón el último”.

En la rotonda de entrada a Parque Olimpia también se vivieron escenas dantescas pues muchos currelas que volvían a casa en coche tras una dura peona se encontraron de pronto atascados por una estampida de cuerpos fofos embutidos en lycra. La cosa podría haber acabado en tragedia pues en este pueblo llevamos a rajatabla ese verso de Loquillo que dice “para qué discutir si puedes pelear”. Pero afortunadamente una pareja de la Benemérita llegó a tiempo de evitar una tangana monumental y no hubo que lamentar males mayores a excepción de varios vehículos con las lunas rotas, algún ojo a la virulé y magulladuras varias por empujones y collejas. El peor parado fue un runner de Postas que tuvo la mala suerte de parar y zarandear el coche de Cristóbal el Bofetones, quien para más inri llevaba prisa por llegar a casa pues se venía cagando. El Bofetones acabó cagando en el cuartelillo y al runner aún están tratando de extraerle el mp3 del exófago.

Tío Willis
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