Arranca la Ruta de la Foto de la Tapa

Ruta de la Foto de la Tapa

La vida moderna era esto. Que te pongan delante un cuenquito humeante lleno de soberbio Estofado de Monte al Romero y que en vez de honrarlo como se merece comiéndotelo entre lagrimones de gozo en un periquete te entretengas en hacerle un book fotográfico que ni a la Gisele Bündchen hasta que el estofado se te quede frío pero tú tengas suficiente material gráfico como para hacer un documental.

El fin de semana pasado se dio el pistoletazo de salida a la Ruta de la Tapa en Ciempozuelos. Más de una docena de bares con sus suculentas creaciones participan en este evento para tratar de animar un poco el panorama “cañero” local, difundir la calidad y variedad de la oferta gastronómica de Ciempozuelos y de paso aprovechar a hacer un poco el agosto, que falta hace, está la cosa muy malita.

Eso significa que durante un par de fines de semana algunos podremos deleitarnos con las espléndidas creaciones de los restauradores locales mientras asistimos al desfile de instagramers, tuiteros y demás neotribus que en vez de ir al fondo del asunto, léase el fondo del estómago, se quedan en la forma y disfrutan de la comida no devorándola sino enseñándola. No lo criticamos, cada cual es libre de hacer con su vida lo que le salga del papo o del nabo, pero resulta curioso que la realidad supere una vez más a la ficción y que nuestras madres ya anticipasen el futuro con aquella frasecita tan suya de “comes con los ojos”.

No es nada nuevo este asunto, llevamos asistiendo a safaris fotográficos gastronómicos desde que los móviles llevan cámara. Y el que se lleva la palma es el sushi, quizá la única cosa sobre la faz de la tierra más retratada que la Torre Eiffel. “¿El caballero va a querer los nigiris de salmón para llevar, para tomar aquí o para hacerles treinta y cinco fotos como un gañán?”

La vida moderna era esto, estar tan pendientes de que todo el mundo sepa lo que estamos viviendo que nos olvidamos de vivirlo.

Tío Willis
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