Una peña madridista de Titulcia resiste en las gradas de San Siro celebrando la Undécima

circozuelos

Aunque a nosotros no es algo que nos sorprenda demasiado ayer saltó la noticia al conocerse que los integrantes de la Peña Madridista “Prosinečki”, vecinos de nuestra vecina localidad de Titulcia, siguen aún de parranda en las gradas del estadio San Siro de Milán celebrando la Undécima. Cuando ya han pasado más de setenta y dos horas desde el final del partido unos veintitantos titulcianos siguen de juerga como si no hubiera un mañana parapetados en las zonas más altas de las gradas del estadio milanés. Según los testigos se les ve bailar la música que sale de sus móviles y beber cubalitros que nadie sabe de dónde han podido sacar. Todos llevan camisetas del Madrid menos cuatro o cinco colchoneros que sin duda tuvieron que elegir, sin pensárselo mucho tampoco, entre volver solos y deprimidos a Titulcia o ponerse del revés con los paisanos merengues. Algunos familiares han podido ponerse en contacto con los peñistas y parece que todos están bien, dicen que se toman la última y se vuelven y que por favor le digan al Tarrina que los llame o que vaya a Milán.

Las autoridades milanesas están perplejas. No se habían enfrentado nunca a un fenómeno de estas características. Sus años de experiencia controlando a los tifosi del Calcio no han servido de nada ante el saber hacer de los titulcianos. Porque lo más curioso del caso es que la peña “Prosinečki” en ningún momento ha opuesto resistencia. No, el problema es otro según nos cuenta Menudo Marronni, el tenente encargado del asunto: “Nos sentimos impotentes ante esta gente. No podemos utilizar los métodos convencionales de control de multitudes. Los primeros hombres que mandamos para hacerlos entrar en razón volvieron a las dos horas oliendo a vinacho y pidiendo un piti. Con los antidisturbios fue peor aún. Están los doce en el calabozo por bailar la conga en acto de servicio. El problema aquí es que los titulcianos son muy buena gente. Son encantadores, en todos los sentidos de la palabra, y en cuanto te acercas a ellos te encantan en cero coma y te apetece olvidarte de todo y quedarte con ellos de cachondeo en el lado oscuro de la fuerza. Yo mismo intenté negociar con ellos y casi me acabo una botella de Jägermeister. Alguien me paró a tiempo cuando me dirigía ya al cajero. Con este panorama y para evitar el uso de gases sedantes, que tampoco sabemos cómo pueden afectar a esta gente, hemos decidido que lo único que podemos hacer es esperar a que se les acabe el combustible y que antes o después caigan rendidos. Sabemos que tienen algo de aguardiente todavía pero que se les han acabado los hielos, aunque también es verdad que eso no ha parecido importarles demasiado a la hora de empinar el codo. Creemos que en las próximas cuarenta y ocho horas se les acabará el tabaco y no tardarán en empezar a morirse de asco. No mucho después el cuerpo les pasará factura por pura lógica fisiológica, aunque también es cierto que no sabemos muy bien a qué nos enfrentamos. Esa capacidad de aguante y esta asombrosa facilidad para liarte es algo que nos deja atónitos. Yo todavía dudo entre detenerlos o pillar tabaco y subirme allí otra vez con ellos a liala”.

Tío Willis
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