El turismo ruso se consolida en Ciempozuelos

circozuelos

Para cualquier empresario turístico español escuchar la palabra “ruso” es música para los oídos. El turista ruso se ha convertido desde hace unos pocos años en la gallina de los huevos de oro que todos quieren en su corral. Y en Ciempozuelos estamos de enhorabuena pues las cifras del turismo de esta nacionalidad en nuestro pueblo llevan años de continua tendencia al alza.

Esta temporada las cosas pintan igual de bien pues según datos del Observatorio del Tío Vitorio las reservas realizadas por clientes rusos han aumentado en un 33% por lo que si el año pasado fueron 3 los turistas de esta nacionalidad que pasaron por Ciempozuelos en época estival este año se espera recibir a un total de 4 en todo el verano. Así, Rusia se coloca como tercer lugar de origen principal de nuestro turismo tras Titulcia y San Martín de la Vega.

El turista ruso es exigente y algo desconfiado pero si se siente cómodo se deja la pasta en cualquier gilipollez sin hacer muchas preguntas. Bueno, esto era así sobre todo en los primeros años, cuando en cualquier sitio te soltaban un billete de quinientos euros para comprarse un Calippo, pero ahora la clase trabajadora rusa también ha empezado a ver mundo y estos miran mucho más el rublo que los pioneros acaudalados de hace unos años. Por ello es necesario por parte de los comerciantes y restauradores una contención en los precios que los haga más atractivos para este nuevo tipo de turista. Que nos conocemos y poner la ración de oreja a la plancha al precio de angulas solo va a conseguir que nos la tengamos que comer nosotros con patatas.

Reconocer al turista ruso es fácil. Aunque Rusia es un país muy muy grande y la apariencia física de sus pobladores puede distar mucho entre alguien nacido en Moscú, con rasgos eslavos, a otro nacido en Vladivostok, cuyos rasgos serán totalmente orientales, unos y otros reúnen una serie de características similares que los hacen reconocibles al instante. Los varones parece que no pueden salir de su país sin calarse esa gorrita blanca de marinero con un ancla bordada que les da a todos un toque a lo Benny Hill mientras que las damas lucen peinados de apariencia fractal y suelen ir subidas en un par de piernas de metro y medio. Tanto ellos como ellas te mirarán con desconfianza la primera vez que te topes con ellos y solo de ti depende que te los cameles y te compren la moto o se vayan a comprarla a otro sitio.

Tío Willis
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