El ganador de la Bonoloto sigue calladito por miedo a que le pidamos pasta

circozuelos

7.113.423 eurazos. Siete millones ciento trece mil cuatrocientos veintitrés pavos. Caramba. Solo con leer la cifra te entran ganas de sonreír pero se te pasan enseguida al recordar que tú eres pobre y que ese dineral no es tuyo ni lo va a ser nunca. Esto le pasa a todo el mundo menos a uno, o una. Al afortunado ganador de la Bonoloto del pasado 19 de noviembre. Estamos a 15 de diciembre y sigue sin hacerse público el nombre del suertudo. Parece que ya se ha pasado un poco la fiebre que llevó en un primer momento a algunos vecinos a hacer guardia frente a la administracion de loteria para descubrir al nuevo rico. Las mesas junto a la ventana del Camachito nunca había estado tan demandadas. Este seguimiento no dio ningún fruto y poco a poco ha ido bajando el ansia gaceta aunque como llevamos el vocingleo en la sangre todo el mundo sigue queriendo saber a qué vecino tiene que envidiar con todas sus fuerzas.

Nosotros sabemos a quien le ha tocado. Esto no debería sorprender a nadie pues sabido es que nuestro equipo de investigación no duerme nunca. Sin ir más lejos el otro día les amaneció en el bar de la estación entre copazos de anís y allí coincidieron con otros dos borrachos que afirmaban conocer al acertante local de la Bonoloto. Solo hubo que pagarles dos rondas de ron cola a la parejita de crápulas para que soltasen prenda y confesasen el nombre del nuevo rico. Con la melopea que llevaban aquellos dos individuos bien podrían haber afirmado también ser primos de Gengis Kan por lo que nuestro equipo de investigación cogió aquella información con pinzas hasta poder contrastarla debidamente cuando se les pasase la resaca. Días después nos pusimos en comunicación con el supuesto acertante y las doce veces que nos colgó el teléfono y las tres que nos mandó a freir esparragos nos hicieron sospechar que efectivamente algo escondía y que podía tratarse del afortunado millonario. Cuando llamamos a su lugar de trabajo y nos confirmaron que hacía días que llegaba a currar con una extraña sonrisa pegada a la jeta y una actitud algo chulesca hacia los jefes no nos quedó ninguna duda de que era la persona a la que buscábamos.

Pensábamos hacer pública su identidad hace un par de días para fastidiarles la exclusiva a los del Zig Zag pero de forma inesperada el acertante de la Bonoloto por fin nos devolvió las llamadas y nos pidió por favor que no publicáramos nada. Paramos las rotativas de inmediato y debatimos el asunto pero después de mucho pensárnoslo decidimos que nos debíamos a nuestros lectores y que siguiendo nuestros principios debíamos publicar la noticia. Nuestros principios pronto se vieron contrarrestados por un soborno del nuevo millonario en forma de un portátil nuevo y un queso. No está la vida para despreciar ambos regalos y como este es el mayor y por ahora único beneficio tangible que le hemos sacado a Circozuelos decidimos dejar nuestros endebles principios a un lado y vendernos al único postor. Pero no penséis que nos íbamos a quedar tranquilos con un cacharro electrónico y un derivado lácteo. No, a cambio de su anonimato le convencimos para que nos contestase a algunas preguntas.

Las respuestas que nos dio a nadie sorprenderán pues no se salen del topicazo habitual en estos casos. El suertudo no se cree todavía que le haya tocado ese pastizal. No sabe todavía lo que va a hacer con el dinero pero seguro que hará un gran viaje. Y no ha gritado a los cuatro vientos lo afortunado que es para no convertirse en el centro de atención. Interrogado más profundamente sobre este menester el ganador nos confesó que no es la fama en sí lo que teme sino los sablazos que esta fama de nuevo rico llevaría asociados. El vecino más afortunado de Ciempozuelos reconoce tener un carácter más blando que la mierda de pavo y sabe que no podría decirle que no a ninguno de los jetas que viniesen a hacerle chantaje emocional. No le falta razón. Cualquiera se lo puede imaginar perfectamente. “Venga va tío, que tienes siete millones y pico de euros no me jodas…yo solo necesito diez mil para el asador de pollos…jolín tío, que nos conocemos desde catequesis…”. Y así uno detrás de otro hasta salir en el PRONTO como el tolay que ganó una fortuna y la dilapidó en pocos años. Visto así bien hace nuestro vecino más afortunado en mantener el anonimato y pensar nada más que en sí mismo. ¿O acaso vosotros habríais obrado de otra forma? ¿Se lo habríais contado a todo el mundo u os habríais callado la boca hasta desaparecer para siempre camino de Tailandia? Nosotros lo tenemos claro. Nos gusta ir con la verdad por delante y se lo habríamos contado a todo el mundo diez minutos antes de partir hacia las islas Phi Phi sin mirar atrás.

Tío Willis ft. Capitán Panceta
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