Un vecino hospitalizado tras ingerir kilos de heces caninas por la fuerza

circozuelos

Los servicios de urgencia del Hospital Infanta Elena de Valdemoro tuvieron que atender en la madrugada del pasado sábado a un vecino de Ciempozuelos que se presentó en el hospital con síntomas de empacho fecal y asco supino. Tras hacerle un lavado de estómago con aguarrás y extraerle lo menos media arroba de heces caninas del estómago los médicos consiguieron estabilizar al paciente y en estos momentos su estado no reviste gravedad aunque ha perdido el sentido del gusto y del olfato y vomita bilis cada treinta segundos.

Las causas de esta repugnante indigestión son aún desconocidas y la policía está investigando el asunto pues el sentido común invita a pensar que tal cantidad de excrementos no llegaron al gaznate del paciente por su propia voluntad. Bien es sabido que para gustos los licores y que incluso hay gente que paga para que le defequen en el pecho, pero esas parafilias sexuales modernas son cosa de ricos aburridos y no han llegado aún al entorno de un humilde e inocente pueblo como el nuestro. Por ello todo parece indicar que alguien obligó al sujeto a ingerir tal cantidad de deposiciones de perro bajo coacción. Las autoridades están a la espera de que el paciente deje de vomitar bilis para proceder a un interrogatorio que pueda arrojar algo de luz sobre las causas o los culpables de semejante felonía.

A la espera de lo que dictaminen las autoridades la rumorología se ha disparado en el pueblo y todos los tiros apuntan en la misma dirección. Según parece el vecino hospitalizado es dueño de un mastín, de nombre Rambo, cuya mala leche y tamaño solo son comparables al volumen cúbico de sus excrementos. Excrementos que por lo que parece su dueño nunca recoge y que deja alegremente en la acera para que los vecinos del barrio se entretengan por la mañana en sortearlos al salir de casa. Un par de vecinos de este incívico sujeto que prefieren permanecer en el anonimato han confirmado a Circozuelos que el susodicho ya había recibido amenazas escritas y verbales sobre la posibilidad de que un día acabase ingiriendo las deposiciones de Rambo si persistía en su costumbre de no recogerlas.

En Circozuelos nunca nos alegramos de la desdicha de ningún vecino pero tampoco nos gusta pisar caca así que no sentimos demasiada lástima por el vecino hospitalizado. Nosotros también tenemos perro y sabemos que no es plato de buen gusto recoger sus excrementos. Ese tacto calentorro al otro lado del fino plástico, ese miedo a que la plasta rebose el borde de la bolsa y nos pringue la mano. Es un asco sí, pero sabías a lo que venías. Haberte comprado un pez payaso.  Eliminar todas las boñigas de perro de un pueblo de más de veinte mil habitantes parece imposible pero en realidad es muy fácil. Basta con que cada uno recojamos la del nuestro.

Tío Willis
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